Mis ojos se están poniendo rojos de tanto llorar.
Las venas cada vez más marcadas en toda mi cara y cuello, por el terrible dolor que siento en mi corazón.
Por la horrible sensación que siento en toda mi alma, por la terrible sensación de no poder decir nada...
Continúo dibujando palabras en el silencio.
Continúo escribiendo para encontrar sentido a las pequeñas cosas, esas que se pierden en la inmensidad de la desesperación.
¿Qué hago?
¿Dejo de llorar, o simplemente me trago todas estas palabras y continúo?
No no puedo, he soportado todo. ¿Y qué recibí a cambio?
Maltratos, humillaciones, hipocresías, cobardías, llantos, odio, incomprensión.
Lo naturalmente lógico, se volvió incapacidad creativa.
Y la tristeza tan común como decir: Hola.
Una vez alguien me dijo: Parece que te gusta vivir en el dolor, en un plano de víctima que no te lo creo. Y nunca te lo voy a creer, porque llego a pensar que todo es mentira...
Cuándo esa misma persona, no paraba de sentirse mal ni UN SÓLO SEGUNDO, cuándo su vida giraba en torno a la soledad, al llanto, al dolor, a los derribamientos, y por supuesto. Estaba hundida en el abismo, y nunca lo aceptó.
Pero sí creyó que vivía actuando algo que no se puede actuar, algo que sólo yo misma viví.
Y si dicen sentirse identificadas es MENTIRA, porque lo que viví no se asemeja con alguna palabra existente...
Podrá aproximarse, pero no lo iguala....
El dolor es insoportable para aquellos que aprenden a sentir la soledad de las palabras,
y demasiado lento para alejarse de ella...



No hay comentarios:
Publicar un comentario